miércoles, 7 de mayo de 2014

El amante



Tú y yo sabemos 
Que intentan descubrir el secreto 
De nuestro amor secreto.
Buscan develar los cimientos 
de nuestra aparente amistad
e ir más allá 
de nuestros encuentros furtivos 
bajo el sol o en la penumbra de la luna.

Sorprendidos se preguntan
Al verme pasar tras tu rastro, 
por lugares inusuales:
Sospechan, se imaginan,
Hacen comentarios.

Aun así, nuestros códigos siguen ocultos, 
En medio de nuestra sutil estrechez de manos
no hay brillo en nuestros ojos 
ni temblores que delaten el deseo que nos quema
ni adjetivos que nos comprometan.
Solo nosotros conservamos la certeza 
De la telaraña que trenzamos 
En nuestros besos de saludo y despedida.


Sonreímos,
Sabemos ser felices, 
En encuentros cortos 
Después de grandes escapes.
Nuestro amor secreto 
-sin novio de tú parte, sin esposa de la mía- 
es un desafío,
Nuestros enemigos quieren tener registros;
Nuestros amigos saberlo todo:
Esperan hallar tu nombre y tu teléfono 
en los papeles ocultos de mi celosa billetera
o en las hojas cotidianas de mi agenda de negocios
o en el recibo de compra del café.
Saber quien abre las puertas a mis toques ansiosos.
De soslayo,  en un vistazo fugaz, 
Dibujan
Algún tatuaje de tus labios en mi piel;
Buscan el rastro de tus dedos en mi cuerpo
o la forma indiscutible de un arete o un anillo 
En la profundidad de mis bolsillos.

Van y vienen, 
nos amarran y nos sueltan,
En el examen crítico de nuestra histórica relación,
Quieren descubrir el fósil de tu cuerpo
En la corteza de mi ser.

Observan y tantean en vano:
Aprendimos a no derramar el vino,
A devorar toda nuestra carne, 
A caminar en dirección del viento al despedirnos
Para evitar nuestras fragancias 
Y las pistas que delaten que estuvimos.

Pero, debo confesarte, amor mío, 
El único desliz inocente que he cometido:
Haber escrito este poema.


Adolfo Cano